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La hora de la ceremonia decide tus fotos
En Málaga, a las cinco de la tarde de julio el sol cae a plomo. Mover la ceremonia noventa minutos cambia el álbum entero.
Cuando una pareja me escribe, casi siempre tiene ya cerrados la finca, el menú y la música. La hora de la ceremonia suele estar puesta «porque sí», y es lo único que de verdad decide cómo van a salir las fotos.
En Málaga, un sábado de julio el sol se pone sobre las 21:35. Si la ceremonia es a las 18:00, os casáis con la luz todavía alta: sombras duras bajo los ojos, invitados con gafas de sol y treinta y cuatro grados. Si la pasáis a las 19:30, el «sí, quiero» cae con el sol ya bajo, la piel se ve dorada y las fotos de pareja se hacen justo después, en los veinte minutos buenos del día, sin que tengáis que desaparecer del cóctel.
«No hace falta que nadie sepa de fotografía: basta con mirar a qué hora se pone el sol.»
Mi regla es sencilla: ceremonia al aire libre, dos horas antes de la puesta de sol. En mayo eso son las 19:15; en septiembre, las 18:15; en noviembre, las 16:00. Si os casáis en iglesia la hora importa menos dentro, pero sigue mandando a la salida: el arroz con sol de frente a las cinco de la tarde es media cara quemada y media en sombra.
Hay tres cosas más que ayudan y no cuestan dinero. La primera, colocar el altar de espaldas al sol, no de cara: así no entrecerráis los ojos y la luz os recorta. La segunda, reservar quince minutos de pareja justo antes de que el sol toque el horizonte; yo os aviso y volvéis antes de que nadie os eche de menos. La tercera, evitar los toldos de colores: un toldo naranja lo tiñe todo de naranja, y eso no se arregla después.
Si la fecha ya está cerrada y la hora no se puede mover, no pasa nada: se busca sombra abierta, se trabaja a contraluz y se guardan los retratos para el final. Pero si todavía estáis a tiempo, mirad a qué hora anochece ese día y restad dos horas. Es el cambio más barato de toda la boda.