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Las siete fotos que tu web necesita si vendes tu nombre
Abogadas, psicólogos, entrenadores, arquitectas: si te contratan a ti, tu web necesita estas siete fotos y ninguna de banco de imágenes.
Cuando alguien entra en la web de una abogada, un psicólogo o una entrenadora, tarda unos tres segundos en decidir si se queda. En ese tiempo no lee: mira. Y lo que mira es si hay una persona de verdad detrás. Por eso las sesiones de marca personal las planifico siempre con la misma lista de siete fotos.
Uno, el retrato de cabecera: horizontal, mirando a cámara, con aire a un lado para poner el titular encima. Dos, el retrato cercano: vertical, de hombros hacia arriba, para la página «Sobre mí» y para el perfil de redes. Tres, trabajando: tú haciendo lo que haces, sin mirar a cámara. Es la que más confianza da y la que casi nadie tiene.
«Una foto tuya trabajando explica en un segundo lo que tres párrafos no consiguen.»
Cuatro, el detalle: tus manos, tus herramientas, tu cuaderno. Sirve de fondo y de respiro entre bloques de texto. Cinco, el espacio: la consulta, el estudio o el sitio donde atiendes, vacío y ordenado. Seis, con alguien: una reunión o una sesión con un cliente, o con un amigo que haga de cliente, porque demuestra cómo es tratar contigo. Y siete, una foto de cuerpo entero y ropa de calle, relajada, para la página de contacto.
Con esas siete tienes la web entera y tres meses de publicaciones. En una sesión de dos horas salen holgadas, y por eso entrego cuarenta: de cada una hay versiones en horizontal y en vertical, serias y sonriendo.
Tres consejos antes de reservar. Dime qué colores usa tu web y elegimos la ropa para que no pelee con ellos. Trae lo que usas de verdad: si nunca llevas traje, no te lo pongas. Y pide las fotos sin texto encima ni filtros; el texto lo pone tu diseñador y el filtro pasa de moda en un año.
La web de una persona sin fotos suyas es un folleto. Con estas siete, es una presentación.